En Sumeria, el solsticio de invierno no se celebraba como un único evento, sino que se enmarcaba en el ciclo de sus dos estaciones principales (Verano e Invierno), con festividades centradas en los mitos de los dioses Dumuzi (dios de la fertilidad) e Inanna (diosa del amor y la guerra), marcando la muerte y renacimiento simbólico del dios, esencial para la fertilidad agrícola y la renovación de la tierra tras la oscuridad invernal, a través de ritos de matrimonio y celebración de su ciclo vital, conectando con la promesa de luz y vida futura. Para los acadios, una antigua civilización mesopotámica, el solsticio de invierno era un evento crucial, celebrado como el renacimiento del dios sol Shamash y el inicio de un nuevo ciclo, con festividades y ritos para atraer la fertilidad y la luz, similar a otras culturas antiguas que veían en este día el fin de la oscuridad y el retorno de la vida a la naturaleza. El solsticio de invierno persa se celebra en la Noche de Yalda (o Shab-e Yaldā / Shab-e Chelleh), la noche más larga del año (alrededor del 20/21 de diciembre) que marca el triunfo del sol sobre la oscuridad, simbolizando el nacimiento del dios Mitra.
En el antiguo Egipto en el mes de diciembre se concentraban los eventos más significativos relacionados con el ciclo de muerte y resurrección de Osiris, debido a su correspondencia con el mes egipcio de Khoiak (o Joyac). Asimismo, el solsticio de invierno era clave, marcando el "renacimiento del sol" y la esperanza de un nuevo año, honrando a Ra, el dios sol. Los festivales de Osiris en el antiguo Egipto celebraban su muerte y resurrección, simbolizando la fertilidad y la vida eterna. Muchos textos asocian el 25 de diciembre (Natalis Solis Invicti) con el renacimiento espiritual derivado de los misterios de Osiris, marcando el triunfo de la luz tras la noche más larga del año.
El festival del nacimiento del Sol Inconquistado (o dies natalis Invicti Solis), un culto a la divinidad solar asociado al nacimiento de Apolo, dios del Sol, era celebrado por los romanos el 25 de diciembre; primer día después de los seis días del estancamiento solar (aparente) del solsticio de invierno. Las Brumales eran asimismo una antiguas fiestas romanas paganas, especialmente vinculadas al solsticio de invierno, que celebraban el renacimiento del sol y la fertilidad, asociadas a Baco (Dionisio). Las Saturnales eran otras importantes fiestas paganas de la Antigua Roma, celebradas en diciembre en honor al dios agrícola Saturno, marcando el fin de la siembra y el solsticio de invierno. Originalmente se celebraban del 17 al 23 de diciembre, extendiéndose luego, y culminando cerca del solsticio de invierno (25 de diciembre), fecha que luego asociaron al Sol Invictus.
El emperador Constantino y el papa Julio I decidieron celebrar el nacimiento de Jesús durante la época que concentraba las fiestas más populares de Roma para favorecer la conversión; una fecha arbitrariamente escogida por la Iglesia católica a pesar de la creencia de que Jesucristo nació durante la primavera. Esta creencia nace de interpretaciones de los Evangelios, que describen que Jesús nació en un momento en que los pastores tenían rebaños al aire libre, algo imposible en invierno y en una región como Palestina. El término navidad proviene del latín nativitas, que significa nacimiento. Estas costumbres se fusionaron con la celebración cristiana del nacimiento de Cristo, que se fijó en diciembre, de ahí la conexión entre los ritos paganos y la Navidad actual.
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